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Gonzalo Arijón esperó el momento adecuado para hacer este documental. Sabía que el trauma, tanto íntimo como colectivo de la tragedia, y más aún de la supervivencia, necesitaba tiempo para llegar a una reflexión serena. "La idea es describir lo más detalladamente posible lo que sintieron aquellas personas entonces y lo que sienten hoy 35 años después". Para eso logró contar por primera vez con el testimonio de los 16 supervivientes. Cada uno de ellos le concedió 24 horas, cara a cara con la cámara, en las que hablaron y se preguntaron en un sentido trascendente de la existencia ¿por qué?, ¿por qué a mi?, ¿quién decide a ti si, a ti no?...

Parece que Arijón hubiera dejado correr el tiempo para ahondar el misterio, trabajando con los hijos de algunos de los supervivientes, como si ellos vinieran a dar, con su sola presencia, el sentido último a esta experiencia incomparable. Lala Canessa en la producción de arte, Hilario Canessa y Gustavo Zerbino, actores, y sobre todo el seguimiento directo de los propios supervivientes, hizo que en ocasiones se sintieran en el rodaje, "como si fuera real".

La producción contó además con César Charlone, distinguido camarógrafo y fotógrafo de films como Ciudad de Dios y El Jardinero fiel, para la reconstrucción de las escenas más delicadas. "Disfruté con su complicidad y conté con la sensibilidad de su mirada para aproximarme lo suficiente al universo opresivo descrito por los protagonistas. Charlone logró materializar lo indescriptible".